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En preparación para lo que fue el FOSPA 2026, que tuvo lugar en Puyo del 17 al 21 de agosto, se organizaron varias rutas que mostrarían las distintas caras del Ecuador. Algunas de ellas, como el Toxic tour con la UDAP o los cierres de pozos e infrestuctura en Bataboro, mostraban los graves impactos del extractivismo en la Amazonía y sus efectos en las comunidades cercanas. Para contrastar, decidimos acercarnos con un enfoque positivo y resaltar algunos proyectos regenerativos exitosos en la región. Organizamos la ¨Ruta de Esperanza y Reparación Amazónica¨ junto a CEDENMA, durante la cual visitamos el Jardín Botánico ¨Las Orquideas¨, un bosque con más de 40 años de restauración, y el proyecto kichwa de Guayusa Runa, un espacio de turismo comunitario con el enfoque de conservar el bosque y su cultura.

Un total de 45 participantes provenientes de Ecuador, Perú, Brasil, Colombia y Venezuela se dieron cita el 17 de agosto desde las 8am hasta las 4pm de la tarde. El resultado fue un espacio fértil de diálogo intercultural entre comunidades, academia y sociedad civil, con perspectivas diversas sobre la defensa de la Amazonía. Pese al realismo crítico, prevaleció un tono de esperanza y compromiso colectivo.

Jardín botánico ¨Las Orquideas¨
Por: Isis Alvarez Ortiz

Don Omar Teyo compró un predio de 7 hectáreas en la Amazonía hace 47 años, a las afueras del Puyo, Ecuador. Cuando él llegó al territorio, las tierras con pastos eran muy preciadas, sin embargo, su visión, ante la destrucción de la que venía siendo testigo, lo impulsó a querer recuperar ese territorio que había adquirido; las maderas finas se acababan, ya no quedaban ni madereras, y ver un cedro ó un árbol de las llamadas ‘maderas finas’ se estaba convirtiendo en un lujo. Además, desde entonces, comenzaban a convertir la Amazonía en un cautiverio: animales silvestres metidos entre rejas, como pagando una pena en prisión, con la excusa de ser ‘centros de recuperación’ aún cuando las liberaciones nunca llegaban… Todo el mal llamado ‘proceso de civilización’, cuenta don Omar, solo implicó grandes presiones para la Amazonía, o el ‘pulmón del mundo’ como se le venía conociendo hasta solo hace unos pocos años. Llegaban plagas por productos que se sacaron al mercado sin planificación, principalmente venenos.

Don Omar vio en la conservación del territorio, su oportunidad para tener y ofrecer una forma de vida digna para él, su familia, y todos los seres que lo habitaban. A medida que empezaba su labor, Don Omar evidenciaba que valía la pena conservar y que aún quedaba mucho por hacer. “Ver tantos procesos de destrucción me hicieron encontrar la forma de proteger y acelerar esta recuperación”. Así, escribió una metodología teniendo en cuenta que un bosque puede tardar hasta 700 años en recuperarse pero entendiendo que su labor podría ayudar a acelerar el crecimiento, incluso a través del trabajo de recuperación de suelos. Él fue documentando año a año la presencia de los distintos organismos vivos que retornaban al lugar. Este registro fotográfico, se puede ver en el museo que él mismo instaló en lo que hoy es su Jardín Botánico, que se puede recorrer y donde se evidencia su importante labor (y la de la Pachamama). “Si sembramos la flora que se perdió, retornamos la fauna que se fue”, afirma Don Omar.

En su selva, Don Omar se ha enfocado en recuperar las especies que nadie reproduce. A través de los años, ha recorrido bosques, junto con su hermano, en la búsqueda de distintas especies, y aunque muchas sí han logrado encontrar, hay otras varias que no… lo que hace pensar en el llamado ‘punto de no retorno’… aunque queda mucho por hacer, ya no hay cómo propiciar el retorno de algunas especies que alguna vez fueron parte de la biodiversidad de la Amazonía. Con esta concientización, también ha creado un banco de germoplasma y se enfoca en la importancia de esta acción para la supervivencia en el futuro, incluyendo la revitalización cultural.

Muchas comunidades aledañas (e incluso no tan aledañas) han llegado a él. Don Omar ha entregado plántulas a muchas comunidades indígenas, en donde incluso habían creído que ciertas especies ya habían desparecido. Sin embargo, encontraron que Don Omar las había logrado conservar a tiempo. Así, ha encontrado aliados y a través de los años, ha logrado que el bosque hoy sea más valioso que los pastos. Hoy, y gracias a diversas colaboraciones, tiene registradas 186 especies de aves, 40 especies de culebras, entre otras, pero la expansión urbana desafortunadamente las ha mermado. Cuando Don Omar adquirió el terreno, el Puyo quedaba lejos, hoy en día ya la expansión urbana ha llegado a su vecindad. Ya no ve tantas serpientes como veía antes, por ejemplo.

Don Omar cuenta cómo ha tenido que proteger el territorio con sus propias manos: de quienes han llegado a cazar los monitos que ahora se les ve con frecuencia en su selva, y otras personas que han querido aprovecharse de la riqueza de su territorio. Él es consciente que este tipo de proyectos son a largo plazo y establece un paralelo con la necesidad actual de querer todo a corto plazo… por eso la explotación desmedida. Además, con los fenómenos recientes de cambio climático, es más consciente que nadie del futuro que se nos viene si no empezamos ahora mismo a frenar tanta destrucción: él da cuenta de la mayor sequía en la historia de la Amazonía, en 2010, y la segunda que se dio en 2024. Establece que ya los patrones de lluvias se han perdido y que cada vez escasea más el agua, y pronostica una próxima sequía mucho antes de lo que se cree…

“…Con razón el hijo me dijo: ‘cuidado que maten los animalitos porque don Tello nos dijo que no maten’, y digo, que bueno que el hijo le transmitió al papá…”


***El libro de Don Tello “El hombre que sembró su propia selva” se puede adquirir por Amazon:

Guayusa Runa
Por: Gerlinde Becker

La segunda parte de la ruta se dio en la comunidad Kichwa San Jacinto en el proyecto familiar Guayusa Runa, donde fuimos recibidos con bailes tradicionales y una brindis con Guayusa, luego hubo almuerzo de maito y dinámicas de posicionamiento temático sobre los principales desafíos amazónicos.

Durante la entrada, la familia compartió historias de cómo se desarrolló el proyecto comunitario, y por qué eligió el nombre Guayusa Runa. El orígen se encuentra en la ceremonia de la Guayusa Upina, típica en muchas comunidades Kichwa, en la cual miembros de la comunidad despiertan temprano y conversan sobre sus sueños sentados alrededor de un fuego y compartiendo té de Guayusa. El taita Jaime es una figura de liderazgo, cuyas visiones han inspirado a toda su familia y, gracias al esfuerzo conjunto, se fueron realizando una a una, como la maloca más grande que he visto que nos cobijo todo el evento. Inspirados por las palabras de diferentes miembros de la familia, fuimos al almuerzo – maito de tilapia con papa china, yuca y ensalada. Esta fue una oportunidad para que les participantes se conocieran e intercambiaran antes del programa de la tarde.

Después del almuerzo, iniciamos las dinámicas de grupo. Leímos preguntas provocadoras y pedimos a les participantes posicionarse en una línea imaginaria entre dos extremos: Estoy completamente de acuerdo, Estoy completamente en desacuerdo. Luego pedimos a algunas personas explicar por qué se posicionaron donde estaban, y abrimos el debate bajo la maloca. Las reflexiones giraron en torno a cuatro ejes: el riesgo de llegar a un punto de no retorno ecológico, sin abandonar la lucha; la Amazonía como jardín forestal moldeado históricamente por pueblos originarios, no como “milagro natural” ajeno al ser humano; el reconocimiento de que muchos saberes académicos – como los medicinales – tienen su origen en sabidurías ancestrales, siendo ambos válidos y complementarios; y el debate sobre si es posible hablar de transición ecológica mientras persista la extracción petrolera activa.

Las y los participantes aportaron desde sus perspectivas y experiencias – los territorios, la academia, el activismo – y demostraron un amplio abanico de realidades posibles y entretejidas, desde el realismo crítico marcado por la destrucción prevalente en muchas áreas de la Amazonía, hasta un optimismo enraizado en las luchas en los territorios y la solidaridad transnacional.

Finalmente, cerramos el día con un círculo de palabras, pidiendo a les participantes decir una sóla palabra que describe con cuál emoción o impresión se iban. A pesar de muchas perspectivas críticas que fueron intercambiados ese día, el cierre estuvo marcado por una indomable motivación de seguir la lucha – cada cual desde su espacio, pero interconectados, tejiendo redes de solidaridad y cooperación.

pueden conocr más aquí en su pagina web https://guayusarunajaya.wordpress.com/

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